El collar regalado,
que reposa en ese lugar
en el que quizás, alguna vez, se apoyó tu cabeza
se ha adherido a mi piel.
Sus animales agonizantes se han fundido
en ese pecho que no intelectualiza,
no racionaliza
ni siquiera piensa...
solamente hiperventila
cuenta un, dos, tres,
respira hondo...
y únicamente anhela responder fielmente
a su emoción:
ir al mar,
volver a vivir, revivir
y entre la espuma
recuperar la pasión
que día a día he perdido.
Remitiéndola a tu lecho
se enredará en tu propio delirio
vestida de otra,
pequeña y humilde
como grano de arena.
Transportada por el viento
y de nuevo disfrazada
alimentaré tu sueño:
tu pura esperanza
para siempre cansada,
para siempre desgastada.